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¿Educación sexual, libertad o adoctrinamiento?

Una niña en escuela de Veracruz. Foto: Yahir Ceballos

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Hace unas semanas, la titular de la Secretaría de Gobernación, en medio de la catástrofe sanitaria con decenas de miles de muertos por virus e ineptitud, manifestó que leyes estatales de educación despojan al Estado de su rectoría para definir los contenidos educativos. Lo despojan -supuestamente- al restringir el derecho de la niñez a la educación sexual.

En el fondo de tal cuestión, se repite la historia de larga lucha entre la libertad de educación y la injerencia estatal adoctrinadora en materia educativa. Todo esto gira en torno a una frase pronunciada por un apóstata hace hartos siglos, “¡Venciste, Galileo!”.

Las leyes estatales referidas, simplemente están reconociendo y garantizando la libertad de enseñanza y el correspondiente derecho humano de los padres a educar a los hijos conforme a sus propias convicciones fundamentales. Ello, a la luz de la Constitución y de los Tratados Internacionales en materia de derechos humanos.

Todos los Tratados Internacionales que abordan la libertad de educación, reconocen el derecho preferente de los padres de familia a educar a sus hijos e hijas de acuerdo a sus valores. Y tales tratados en materia de derechos humanos, tienen preeminencia incluso frente a la Constitución misma, según el principio de la mayor protección a la persona y su dignidad, consagrado en el artículo 1° de nuestra Carta Magna.

La misma naturaleza es indicadora de las tareas de los padres de familia: conservar el linaje humano y cumplir con la obligación y derecho de educar a los hijos, formando su entendimiento y corazón “cual conviene a criaturas racionales”.

La privacidad de la familia natural es el lugar idóneo para que los niños y niñas reciban, conforme a las diferentes etapas de desarrollo mental y psicológico de cada uno de ellos, educación sexual. Materia esa delicada y sensible que exige prudencia, cercanía y afecto filiales.

Misión indeclinable de los padres en tal materia: inculcar en el menor los valores y virtudes de la responsabilidad como verdaderos antídotos contra embarazos prematuros, contra la trasmisión de enfermedades entre adolescentes.

Es notable la coincidencia de la multiplicación de embarazos no deseados y trasmisión de enfermedades, con los tiempos estos de permisividad sexual y de sus respectivos programas de educación sexual en las escuelas, tanto públicas como privadas del mundo.

Hay temas de información explícita sobre los hechos de la vida que se deben evitar en ciertas edades de los niños, muy impresionables según la ciencia, para no quebrar sus defensas naturales. Y con más razón en estos tiempos en que la cultura ya no es baluarte de valores esenciales. Valores de sentido común, no de derechas o izquierdas, que servían de freno a la irracionalidad humana como lo señaló Chesterton en Ortodoxia.

A la obligación de los padres de formar a los hijos, corresponde el derecho de los hijos a ser formados por quienes les dieron la vida; y al derecho de los padres de educar a su prole, corresponde tanto el deber del Estado de respetarlo y garantizarlo, como el de los hijos de honrarlos y obedecerlos.

Los padres, en la tarea formadora de sus hijos, se sirven de la escuela. Ésta, en sana política educativa, colabora con ellos como socia, sujeta a su vigilancia y no a la del Estado.

Ignacio Ramírez y Guillermo Prieto, liberales de los tiempos juaristas, defendieron la libertad de enseñanza; dijo Prieto: “querer libertad de enseñanza y vigilancia del Gobierno, es querer luz y tinieblas, es ir en pos de lo imposible”. Ojalá que la señora secretaria, tan liberal, se sirva tomar nota de ello.

Los padres y madres deben asumir con diligencia su obligación de dar formación integral y humanista a sus hijos e hijas, incluyendo la de índole sexual, y no abandonar irresponsablemente en manos del Estado, ese deber-derecho que les asiste por naturaleza.

Las escuelas son educadoras subsidiarias, sin que su apoyo signifique suplantar o monopolizar la misión providencial de los padres en la formación del alma de la niñez.

II

Al Estado le corresponde garantizar la libertad educativa de los padres y familias, la estructura necesaria para la realización del derecho de los padres y de los hijos en tal materia. Infraestructura decorosa que dote, no de ideologías contrarias a las tradiciones y valores seculares del pueblo guadalupano, sino para comenzar, de mesabancos, agua potable, jabones, sanitarios, a todas las escuelas públicas a lo largo y ancho de la nación.

No le corresponde al Estado, conforme a la naturaleza de las cosas y del derecho, ser agente de ideologías que pretenden imponer, entre otras linduras, el falso “derecho” de niños de escoger ser niñas y éstas, niños, al margen de su estabilidad emocional presente y futura, de la ciencia biológica seria, de la psiquiatría, de sus padres y de sus derechos y deberes inalienables.

Ninguna norma civil puede, impunemente, “borrar a su arbitrio, los dictados de la ley natural”, ni ideología colonizadora alguna. Se paga muy caro el intento, siempre.

A los padres y madres les corresponde luchar contra adoctrinamientos de tufo dictatorial, contra “rectorías intervencionistas del Estado” en el ámbito de los derechos de la familia natural, contra normas y cartillas que no distinguen las diferentes etapas del desarrollo mental y psicológico de los niños, a los que meten en el mismo casillero en materia de “educación” sexual, ¡desde los primeros años de la niñez a los 19!, hablándoles burdamente de preservativos, técnicas anticonceptivas, abortos, etc. Promoción, desde la niñez, del sexo sin consecuencias, sin responsabilidades.

Época esta de decadencia y vulgaridad en las costumbres y gustos como señala Toynbee en su obra histórica. Y a tal decadencia, los tartufos de la agenda de género, del Nuevo Orden Mundial del neoliberalismo -del que es tributaria la izquierda de ahora-, la llaman progreso, transparencia, apertura, junto con tanto inocente, con tanto ignorante de conciencia culpable.

III

Huxley anuncia la promiscuidad sexual en su profético libro, Un Mundo Feliz, muy feliz.

“A medida que disminuye la libertad política y económica, tiende a aumentar, como compensación, la libertad sexual”, dijo una vez Erich Fromm; y así, los regímenes de tendencia antidemocrática de izquierda o derecha, “harán bien” en estimularla en alianza con el “soñar despiertos” al conjuro de drogas, redes sociales, ideologías de género, televisión embrutecedora en general, cine, para que “reconcilien a los súbditos con la servidumbre, con los cuellos doblegados como destino”.

Finalmente, como se ve, no se trata de derechas o izquierdas o centros. Se trata de defender la civilización frente a la barbarie, la sensatez frente a los caprichos políticos de secta, la inteligencia deseosa del bien frente al desenfreno de los deseos, la conciencia frente a imposiciones e injerencias facciosas, la ciencia frente a ideologías de género que ¡culminan legitimando y promoviendo la pedofilia como diversidad, como una orientación más, como deseo sexual “moralmente” válido”!

Los hombres y mujeres de buena voluntad toleran a los sujetos propugnadores de tal agenda, pero no así a las patrañas, mentiras, perversidad de esa agenda. Agenda esa que pretende destruir los cimientos milenarios de la Civilización Occidental de raíz judeo-cristiana. Como todas las iniquidades, aullará esa tal un día, a semejanza de Juliano el Apóstata cuando dijo: “¡venciste, Galileo!”. Siempre vencerá, escúchenlo bien todos.

Se trata, en suma, de defender valores, principios trascendentes del Espíritu, mediante el uso del sentido común, la verdad, la razón, la prudencia, la virtud, las verdaderas libertades que son medio para que el ser humano cumpla sus altas tareas humanizadoras.

A la vuelta de toda decadencia moral, política, cultural, económica y sanitaria, están siempre en lontananza, en la historia del tiempo, los amaneceres, iluminados por la Luz de Luz y la Estrella de la Mañana. Entonces retumbará de nuevo el grito “¡venciste, Galileo!”.

Dedico este alegato a la memoria del insigne Francisco Orozco y Jiménez, príncipe defensor de las libertades esenciales en el Jalisco convulso de los años veinte del siglo pasado; y a los padres y madres de familia, personas libres y conscientes de su responsabilidad indeclinable, que defienden su derecho natural a educar a los hijos e hijas conforme a sus convicciones.

Derecho humano ese que no puede ser arrebatado por el Estado, y que se funda, no en posturas de derecha como falsamente dice la izquierda de hoy, que debiera recordar que Ignacio Ramírez y Guillermo Prieto no eran de derecha, sino liberales. Derecho ese que se basa en la naturaleza de las cosas, en los mandatos de la conciencia y del derecho de gentes.

 

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de este medio

 

Con información de: www.proceso.com.mx

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