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Las alertas están más que prendidas!

La advertencia en Acapulco:

¡Se acabó el danzón!

Algunos asistentes a la Convención Nacional Bancaria, celebrada en días pasados en Acapulco de Salgado Macedonio, comentaron que la botana de la temporada fue la intervención del caudillito de petate, quien, por más que se esforzó no pudo evitar las risas socarronas de los asistentes con su declaración de que «no iban a cambiar las reglas».

Dicen los que saben que uno de los más divertidos fue el poderoso banquero Larry Finck, manejador del fondo de activos más importante del mundo. Él sabe, por los variados intereses que siempre ha manejado en México que si algo ha cambiado en nuestro país son precisamente las reglas.

Por primera vez, después de muchos años, todos salieron convencidos que estamos en medio de un régimen de ignorancia y de mentiras. Al mismo tiempo, el dizque secretario de Hacienda y Crédito Público, Arturo Herrera, declaraba que él podía lograr ¡que bajaran los intereses crediticios! cuando todo mundo sabe que eso sólo depende de las leyes de la oferta y la demanda.

Pero el varapalo mayor fue la intervención de Larry Finck, el CEO de BlackRock que instaló con fuerza su agenda sobre el cambio climático durante su agria participación en esa Convención, dejando clara una advertencia que suena a réquiem para la Cuarta Corrupción.

«Los inversionistas, dijo, cada vez están favoreciendo en sus carteras negocios con perspectivas sustentables y estarán dispuestos a reestructurar sus carteras con aquéllos países o industrias que lo hagan».

En un tenso momento en que ‎en México se escenifica la pugna entre las empresas estatales y las privadas, con la reforma eléctrica que pone a la Comisión Federal de Electricidad al frente de la generación de energía y deja fuera la participación de los privados con fuertes inversiones en energías limpias, la advertencia suena a réquiem. Y aquí, el caudillito persiguiendo al juez de distrito que le dio palo a sus pretensiones.

Finck señaló que que se deben encontrar urgentemente nuevas tecnologías para obtener el bono verde, para tener energía libre de carbono, lo cual es sumamente complejo para los empoderados actuales. Es una advertencia realmente de época, que zanja la discusión bizantina que se lleva a cabo en México contra el futuro, el medio ambiente y los negocios contratados bajo la firma del Tratado con Estados Unidos y Canadá.

Y es que el verdadero problema de la declaración de Finck es que él es el jefe real de los prestanombres mexicanos que se respeten. Simplemente, las trescientas compañías que maneja el fondo BlackRock, incluidas las petroleras y bancarias, facturan 60 billones de dólares anuales, una cifra de espanto. Casi todas las grandes del rancho de aquí están en su cartera.

BlackRock es la mayor empresa financiera de la historia estadunidense. Aparte de su gran amistad con Joe Biden, Finck maneja cifras que ningún conglomerado anterior en el imperio hubiera imaginado. El mundo ya no es monocorde, hay que entender la ubicación geoestrategica de México en el nuevo panorama.

BlackRock es el holding que desde hace décadas controla las grandes compañías petroleras de extracción que tienen bajo su poder en el Golfo de México, incluyendo el depósito «grande, grande, grande» que se acaba de avizorar en Tabasco. Es accionista de Televisa, estratega del destino de nuestras afores, incluidas las vigentes en el Aeropuerto de Texcoco…

…y produce, para conocimiento del respetable, el ochenta por ciento o más del gas natural que la CFE utiliza para crear la energía eléctrica que consumimos en las industrias estatales, particulares… y en nuestros hogares particulares. BlackRock es un animal insaciable por definición.

Patrón de George Soros, lo es también de muchos de los opinadores radioeléctricos y televisivos que se han apoderado de los foros. Es el dueño de Google, el propietario real de Exxon Mobil y de British Petroleum, así como de todas sus filiales en aquí, en el rancho grande.

BlackRock maneja el equivalente a todo el producto interno bruto de los Estados Unidos y Canadá. Es una multinacional de alcances mundiales, sin nacionalidad ni colores partidistas. Después de la crisis hipotecaria del 2008, aparecieron nuevos rostros en el manejo de las finanzas estadunidenses.

Warren Buffet, Larry Finck y Elon Musk, entre otros importantes, por medio de la Reserva Federal se convirtieron en los grandes intermediarios del manejo de todos los fondos monetarios. Buffet en los comercios, Musk en el área tecnológica y Finck en el manejo de los fondos de inversión y en los indicadores de las bolsas de valores.

De esos tres rostros escogidos, el que llegó a acumular más poder y fortuna para el manejo de la economía transnacional, Larry Finck fue el que se alzó con el santo y las limosnas. Acumuló más poder de decisión que el que hubiera logrado soñar el corporativo de la familia Rockefeller.

La influencia de Larry Finck, un militante del Partido Demócrata, desde siempre, es sustancial en la política mexicana del presente y del futuro inmediato. Lo ha demostrado al haber quitado de en medio a la familia Salinas- Gérard Rivero en la explotación de las aguas someras del Golfo de México y transferir los fondos a su empresa alemana Deutsche Erdoel AG.

Actualmente es el dueño de 9,500 kilómetros cuadrados del Golfo, una superficie de gran relieve, considerada entre las más productivas del mundo, 800 millones de barriles en aceite de volúmenes recuperables, desde Tampico hasta Campeche,‎ pasando por Tabasco. Para acabar, es dueña de toda la deuda externa mexicana.

Si México y la Cuarta Corrupción se empeñan en no tomar en serio el contenido demócrata impreso en las el nuevo acuerdo comercial sobre energías limpias, y en los terrenos laborales y ambientales, está poniendo en la picota el futuro inmediato de 130 millones de mexicanos. No es juego.

En la Convención Bancaria de Acapulco habló el brazo fuerte del imperio. También festejó con sorna los atropellados mensajes del caudillito, que insiste en pensar que es el mejor y el más inteligente del mundo. La inepcia lo lleva a pensar que aquí sólo sus chicharrones truenan.

El último alfiler que le quedaba a la sobrevivencia mexicana en estos tiempos convulsos, está a punto de ser retirado, si no es que ya a estas alturas no existe, y se haya acabado el danzón. Todo por no estudiar, y por sentirse superior a cualquiera.

‎Sólo es cuestión de recordar que hay 200 mil millones de dólares sujetos a reclamación vía indemnizaciones, porque México violó las condiciones que obran en la firma de los proyectos e inversión extranjera para producir energía solar, eólica y fotovoltaica.

¿Quién podrá pagarlos? sólo el pueblo de México y sus sufridos y exprimidos bolsillos.

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